El ciudadano Jean Cocteau traspasa todos los límites

No creímos tener que prestarle atención a este libro y, si debíamos permanecer fieles a nuestro programa, no hablaríamos de él. Pero tuvimos la posibilidad de leer “Adoro” en casa de un amigo y no resistimos al placer y la necesidad de denunciar el engaño insoportable de ciertos “literadores”.

En realidad, uno se burla del mundo. Eso no es nuevo pero, incluso para burlarse, es necesario saber la manera. El ciudadano Jean Cocteau no la tiene. El ciudadano Jean Cocteau traspasa todos los límites. Y uno se hace la pregunta: “¿Acaso cada vez que esté satisfecho con esas amistades que tiene con estos jóvenes pícaros, este emperador de la fanfarronada tendrá el derecho de envenenarnos con sus historias y gritar que ha descubierto un genio?”

El “genio” del joven -¡oh, qué joven!- Jean Desbordes consiste en contar sus impresiones de primera masturbación, mezclar Dios con la imprecaciones pueriles y el amor que no puede decir su nombre, enseñarnos cosas viejas como el mundo, perogrulladas como estas: las madres tienen por sus hijos (y viceversa) una ternura siempre confusa y están celosas de sus amantes.

Al fin de cuentas, el señor Jean Desbordes posa en ropa interior en cada página y es totalmente natural que el señor Jean Cocteau encuentre esto maravilloso. A nosotros, espectáculos de este tipo no nos inspiran. ¡Y les rogamos a todos los Cocteau de París que nos dejen en paz!

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