El estallido que no llega

Siempre “susurrante”, Jean Cocteau funcionó el otro día en la Casa del Pensamiento francés.

Tras una palabrita amable del presidente de la República, el autor de “El eterno retorno” fue literalmente ametrallado por los fotógrafos.

Cuando todo hubo terminado, un trabajador del magnesio se precipitó:

-Por favor, señor Cocteau.

A pesar de sus esfuerzos repetidos, el magnesio no estallaba.

Paciente, el señor Cocteau retomaba la pose cada vez, conformándose con dejar caer en voz baja:

-Si la bomba atómica anda tan bien como su Kodak, recupero mi confianza.

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