El dilema poético: coincidir o suicidarse

En El Potomak, prefacio a las obras por venir, Jean Cocteau en 1914 hacía hablar así a uno de sus interlocutores: “Mi obra completa, la llevo en mí desde el primer día. Lleno los tomos: a los títulos de mis obras futuras los distingo por anticipado sobre los mojones de la ruta”. Estas frases podrían casi servir de epígrafe a la antología de poemas, escritos entre 1916 y 1923, que Jean Cocteau reúne hoy bajo el título de Poesía. En otras obras, los títulos de las obras corresponden a su contenido, anunciando, si se quiere, con la excepción de El discurso del gran sueño que no tiene este valor pintoresco o descriptivo sino casi un valor indicativo: escrito “sobre los mojones de la ruta”, marcan los progresos del poeta. El cabo de buena esperanza es, tras la satisfacción fácil de los primeros versos, olvidados luego, la partida hacia lo desconocido de una poesía nueva, más simple y sencilla. Doblado ese cabo de tormentas, he aquí que aparece por primera vez el título Poesías, sinónimo de “creaciones”: recreando imágenes nuevas, el poeta extrae de los objetos “sus velos y sus brumas”; luego Vocabulario donde, continuando con el estilo con análogo esfuerzo, compone “poco a poco una aglomeración, una amalgama de relaciones inesperadas”; en Canto pleno al fin, las imágenes de los poemas precedentes toman un valor psicológico y permiten a Cocteau reencontrar el lirismo como había reencontrado en la poesía descriptiva.

Al comienzo de su carrera poética, el dilema que se le presentaba a Cocteau, como a todo escritor, era de concordar o suicidarse: “Sería necesario o bien que la forma del poema coincidiese con la sensibilidad del poeta o bien que este se suicide, es decir, que no escriba más. Poesía, esfuerzo metódico para coincidir, nos aporta una solución del problema poética: y no se puede sino admirar la voluntad y la lucidez del poeta quien, retomando una a una las diversas informaciones, reencontrando primero el valor de las palabras y los menores signos.

Y la estrofa del poema

y el grupo de la estrofa

y las palabras del grupo

y las letras de la palabra

y el menor

rizo de las letras. (El cabo)

descubriendo luego imágenes nuevas, agrupándolas con vínculos nuevos.

Mezclen ustedes flores, pollitos, aves

tal mal reunidos en la tierra. (Vocabulario)

logradas después de estos ejercicios de solfeo al entonar un Canto pleno: partiendo de problemas irregulares, encuentra y despierta el verso clásico: la obra poética está así acabada.

Pero, en esta época donde el problema de la expresión obsesiona a tantos escritores y artistas, aprendimos a no ser más sensibles a la obra sino también al drama que se juega alrededor de la obra. En espíritu de orden, Jean Cocteau separó la una y el otro. El Potomak y El gallo y el arlequín nos muestran el desconcierto y la emoción del hombre en mal de escritura: ahí aparece el aspecto humano del problema literario: en Poesía, es casi el aspecto técnico el que domina: “el poema se despega, sube solo sobre un globo, bello en sí y sin otro lazo con la tierra”. Este espléndido aislamiento de la obra dominada la vuelve tal vez menos apta para tocar las sensibilidades profanas: para los artistas de nuestro tiempo, Poesía es una gran lección y explica la influencia de Cocteau sobre muchos de ellos. Para otros, a pesar de su perfección y la ingeniosidad o la intensidad de ciertos cantos, Poesía quedará siempre más lejos que El Potomak o El gallo y el arlequín donde el problema artístico se eleva hasta ser un problema humano.

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