Carta de un viejo de diecinueve años

Estimado señor y amigo:

De todos los artículos sobre «El príncipe», el suyo el único que me interesa realmente – ¡helo ahí aparecido, dice bien alto muchas cosas que pienso «ya» por lo bajo! La excesiva juventud del volúmen me permite gritarle chasqueando el índice y el pulgar: «¡No recomenzaré más!». Solamente, había escrito a tal punto cada poema sin el menor «confeccionación» de imaginación que le creía una apariencia más simple y más sincera. Lo quería pequeño. Es en efecto un gran error que haber hecho un esbozo un poco más largo tras la miniatura liminal:
«Se me había reprochado antaño ser demasiado triste

y ser un viejo de diecinueve años,

¡ahora se me reprocha con risa a todos los vientos

y se me encuentra demasiado «artista»!

Esta broma naturalmente no es para usted que se mostró tan «maravilloso» con mi humilde «lámpara».

No sé cómo expresarle mi reconocimiento. Ser discutido por usted prueba un valor del cual jamás habría osado reconocerme y eso me da confianza. Ninguna de sus líneas caen en los ojos de un ciego y creo que si merezco un día sus elogios completos, será mucho gracias al artículo de esta mañana.

Jean Cocteau

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